De
la misma manera que Fraga liquidó a Gabriel Camuñas,
a Fernando Suarez y a Juan Ramón Calero para asegurarse
su continuidad, Rajoy fusiló políticamente a
toda su oficialidad dando paso a una nueva generación
liderada por el inefable Alberto Ruiz Gallardón.
Alianza Popular se hizo el harakiri para sobrevivir como Partido
Popular -como antes lo hicieron las Cortes franquistas para
perpetuarse como la UCD a la que Suarez le auguró 100
años de gobierno- ahora el PP se autoinmola sólo
para mayor gloria de su líder que va a ser capaz de renunciar,
no ya a los principios fundacionales de la originaria AP, sino
a los del ya descafeinado centrismo-husmanista-cristiano.
Los congresos del PP Cataluña, Baleares y el
País Vasco celebrados esta semana son una dramática
muestra de la grave crisis que tiene enfrentados a los militantes
del PP, no sólo a nivel orgánico sino tambien
a nivel ideológico. Un PP que cree que a España
se le puede y se le debe gobernar sin pactos ni renuncias
y otro PP que aspira a gobernar cuanto antes articulando una
mayoría suficiente pactando con los nacionalistas y cediendo
a los dictados y exigencias de estos.
Los valencianos bien sabemos del precio que pagamos con el pacto
de Reus del 96 en el que Aznar entregó a Pujol nuestra
histórica lengua valenciana a la que primero Zaplana
y ahora Camps le dan sepultura.
En el PP vasco, catalán y balear saben que lo que está
en juego es el pacto o no para el 2012 de su partido con sus
enemigos nacionalistas. Los arribistas, posibilistas y pesebreros
lucharán por aproximar ideológica e institucionalmente
el PP a CiU, PNV y demás organizaciones nacionalistas.
Es lógico que, además de las diferencias
ideológicas, muchos militantes del PP que todavía
siguen escoltados en previsión de atentados nacionalistas
o que lloran y rezan por sus victimas, no deseen aproximarse
ni un ápice a quien les negaron y les niegan el pan y
la sal, la libertad y los principios básicos sobre
los que se asienta la democracia y el estado de derecho.
Ruiz Gallardón con la ayuda mediática de
Prisa será el matarife de aquel proyecto original
que creía en la unidad y la concordia interregional y
que la defendía sin concesión alguna.